Atrás ya quedaron los viernes noche de salir hasta las tantas, de hablar con las amigas hasta quedarse ronca, de bailar música que no te gustaba, por el simple hecho de bailar y, de camino, ligar.
Echo de menos los viernes por las tardes, cuando mis amigas y yo, a la salida del colegio, quedábamos para vernos en la plaza del pueblo, y años más tarde, cuando íbamos a estudiar a la biblioteca y hacíamos planes para salir y ver a uno u otro. Ese sentimiento del que no somos conscientes cuando lo estamos viviendo, es lo que echo de menos.
Salir de casa a la aventura, para encontrarme con alguna amiga y comer pipas, y si no veías a nadie, dabas tres vueltas por si acaso y volvías a casa. Aunque, normalmente, un viernes por la tarde siempre te encontrabas a alguien, dando vueltas igual que tú.
Tuve una época apática, no salía, mis amigas dejaros de llamarme, dejaron de buscarme para ir a dar un paseo. Siempre he sido un poco rara, todavía lo soy, aunque ahora un poco menos que durante mi adolescencia.
echo de menos tantas cosas que atrás se quedaron y que nunca volverán. Es una pena, pero así es la vida.